Trabajo en la viña del Señor,
no para quedarme con los frutos,
sino para entregarlos.
La viña es suya,
la misión es suya,
y mi vida también.
Cada día me pregunto:
¿Dónde quiere el Señor que dé fruto?
Y si en tu corazón sientes su llamada,
no tengas miedo de responder.
Quizá tú también estás llamada
a trabajar en su viña.
Atrévete a decirle que sí.
Él te espera.
J.T.

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