Señor,
a veces la vida nos pone delante una pregunta que no podemos seguir evitando:
¿para qué me has regalado la vida? ¿Dónde quieres que ponga mi corazón?

Quizá, como aquel hijo del Evangelio, también nosotros hemos dicho alguna vez: «No quiero».
Hemos tenido miedo, dudas, otros planes…
Pero podemos recapacitar, detenernos y escuchar de nuevo esa voz interior que nos invita a algo más.

Porque una inquietud vocacional no siempre llega con respuestas claras.
A veces comienza simplemente con una pregunta,
con el deseo de entregar la vida,
con las ganas de servir,
con una  necesidad de descubrir dónde podemos ser plenamente felices.

Señor, dame valentía para no tener miedo de preguntarme qué quieres de mí.
Enséñame a discernir sin prisa, a escuchar sin prejuicios
y a descubrir que seguirte puede abrirme un camino nuevo.

Y si alguna vez  llamas a la vida consagrada alguna joven,
que no tengan miedo de decirte que sí.
Que puedan descubrir la alegría de vivir para Ti,
de caminar con otros, de servir, de acompañar
y de hacer de la vida un regalo.

  • Hoy quiero dejar una pregunta en el corazón de cada joven:

¿Y si esa inquietud que llevas dentro no es una casualidad, sino una invitación de Dios?

Tal vez solo necesitas detenerte, escuchar…
recapacitar y dar el paso.

Tu inquietud merece ser escuchada. No tienes que caminarla sola: estamos aquí para acompañarte a descubrir tu camino.

J.T.