Señor, gracias por mi vida, por abrir los ojos esta mañana y tener fuerzas para levantarme .
Gracias por mi trabajo en el colegio. Por el ruido, por el «corre corre» de todos los días, por las reuniones y hasta por el cansancio que siento al final de la tarde, porque me recuerdan que soy útil y que ahí, en medio de lo normal, te estoy sirviendo. Gracias por mi congregación. Por las compañeras de camino, por la charla sincera, por saberme acompañada en esta vocación y no tener que remar sola en la vida.
Y gracias, Dios, por lo bueno y por lo difícil. Por las alegrías que me recargan y también por los problemas y las frustraciones … pero me enseñan a confiar más en Ti y menos en mis propias fuerzas.
Con lo que soy y con lo que tengo hoy, gracias.
J.T.

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