Llegamos al final de un nuevo curso escolar con el corazón lleno de gratitud. Allá por septiembre comenzábamos nuestro camino bajo un lema que nos invitaba a unir nuestras chispas y compartir nuestra luz. Hoy, al mirar atrás, podemos afirmar con alegría que ese deseo se ha hecho realidad.

A lo largo de estos meses hemos compartido sueños, intenciones, proyectos y experiencias. Hemos puesto en común nuestros dones, nuestra ilusión y nuestro compromiso, haciendo vida el carisma que nos une y que da sentido a nuestra misión educativa y evangelizadora.

Cada actividad, cada encuentro, cada celebración y cada gesto de servicio han sido una oportunidad para mantener viva la llama que hemos recibido y para hacerla crecer en nuestros colegios. Con todo lo que somos y con todo lo que hemos vivido, hemos seguido construyendo juntos un espacio que educa, acompaña y evangeliza desde el Evangelio.

Al contemplar las imágenes de este último mes, damos gracias al Señor por tantos momentos compartidos, por las personas que han caminado a nuestro lado y por los frutos sembrados durante este curso. Reconocemos su presencia constante en cada paso y en cada proyecto.

Con esperanza renovada, le pedimos que continúe acompañándonos, iluminando nuestro trabajo y ayudándonos a discernir siempre el mejor camino para seguir sirviendo a nuestros alumnos, familias y comunidades.

Gracias, Señor, por el regalo de este curso. Que durante el verano sigamos cuidando la luz que has encendido en nosotros para volver a encontrarnos, un año más, dispuestos a seguir compartiéndola.

Porque cuando unimos nuestras chispas, la luz llega mucho más lejos.