Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad: el misterio de Dios que es comunión de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
«Magnifica Humanitas» nos recuerda que, si hemos sido creados a imagen del Dios trinitario, nuestra vocación más profunda es vivir en relación: con Dios, con los demás y con la creación. Nadie alcanza su plenitud encerrándose en sí mismo.
Contemplar a la Trinidad es reconocer que toda persona posee una dignidad que no depende de lo que produce, de sus capacidades, de su riqueza o de su lugar en la sociedad. Cada vida humana es querida, creada y amada por Dios.
Que esta fiesta sea una invitación a construir comunidades más fraternas, donde toda mujer y todo hombre sean reconocidos hijas e hijos de un mismo Padre.

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