Siempre recordaré cuando María José Vilches me dijo: «Juanma, quiero hablar contigo». Pensé que, como en otras ocasiones, querría pedirme que la llevara a Córdoba. Sin embargo, mi sorpresa fue cuando me dijo: «Queremos restaurar la iglesia». Aquellas palabras me llenaron de satisfacción, ya que, como miembro de la junta de gobierno de la Hermandad de las Angustias, llevaba años planteándolo. Poco después llegó una petición aún más especial: «Hemos hablado las hermanas y queremos que seas tú la persona que gestione la restauración». Fue una gran alegría, no solo por poder colaborar en un proyecto tan bonito y significativo para la Congregación y para todo el pueblo de Priego, sino también por la confianza depositada en mi persona. Corría el mes de abril del año 2024 cuando me puse manos a la obra. Este tipo de intervenciones conlleva numerosos trámites, más aún tratándose de un bien de interés cultural (BIC). El primer paso fue contar con un técnico licenciado en Bellas Artes. Tras entrevistarme con varios profesionales, se decidió que fuera Marina Ruiz, una técnica altamente cualificada para este tipo de proyectos. Se puso manos a la obra con la redacción del proyecto, que posteriormente fue presentado en la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, organismo competente para autorizar las obras. Tras varias reuniones, en diciembre de ese mismo año conseguimos el permiso correspondiente. Paralelamente, habíamos solicitado una ayuda a la Diputación de Córdoba destinada al patrimonio material de bienes de interés cultural, que nos fue concedida parcialmente también en diciembre de 2024. Mientras tanto, avanzábamos en las gestiones para adjudicar la obra. Una vez reunidos con varias empresas, se decidió confiar en Hermanos Campano, de Ardales, una empresa que ya conocíamos por su trabajo en la restauración del castillo de Priego. El 5 de mayo de 2025 comenzaron las tan esperadas obras de restauración de nuestra capilla, iniciándose así una nueva etapa dentro del proyecto general. La primera semana estuvo marcada por un constante trasiego de operarios: montaje de andamios, protección de retablos, tribuna y coro… Hasta que, el día 12 de mayo, se incorporó el equipo de restauradores, compuesto por licenciados en Bellas Artes. Hemos tenido la gran suerte de contar con un equipo de profesionales cualificados que han tratado la restauración de nuestra capilla como si fuera propia. Siguiendo el plan establecido, se mantenían reuniones técnicas periódicas con la constructora para supervisar la evolución de los trabajos, siempre bajo la atenta dirección de nuestra técnica, Marina, cuya implicación y rigor han sido fundamentales. Tras dos meses y medio de trabajo, se dio por finalizada la cúpula, recuperando el esplendor de otros tiempos. Al comenzar con las yeserías de los altares laterales, surgió una grata sorpresa: aparecieron unas policromías ocultas que no estaban contempladas en el proyecto inicial. Ante este hallazgo, la empresa Hermanos Campano elaboró un estudio y presupuesto que fue trasladado a María José, sor Antonia y sor Pepita para su valoración. Tanto Marina como yo recomendamos su recuperación, conscientes del valor patrimonial que suponían. A pesar del esfuerzo económico adicional, la congregación, con gran criterio y compromiso, decidió seguir adelante. Esta decisión implicó una ligera ampliación del plazo de la obra, en un momento cercano a la Semana Santa, pero finalmente se pudieron cumplir los tiempos previstos. La última fase se centró en el coro, muy deteriorado debido a la humedad y a su proximidad a la calle. Tras casi ocho meses de intenso trabajo, las obras llegaron a su fin. Como no podía ser de otra manera, la culminación de este proyecto tuvo lugar el 20 de marzo de 2026, con la reapertura al culto de nuestra capilla mediante una solemne eucaristía, oficiada por don Ramón Martínez, consiliario de la Hermandad de las Angustias, y don Ángel Cristo, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, y cantada por la Schola Cantorum Egabrensis, procedente de la vecina localidad de Cabra. Previamente, se cursaron invitaciones a las hermanas de  Lucena y Baena, acompañándonos la comunidad de Baena  en este día tan especiall, así como a colaboradores, representantes de la Diputación de Córdoba y del Excmo. Ayuntamiento de Priego, profesores del colegio, fieles y vecinos del pueblo, que, como no podía ser de otra manera, abarrotaron tanto la capilla como el patio del colegio, que se habilitó para el acto. Solo me queda dar las GRACIAS a las Hijas de Patrocinio de María por confiar en mí para este proyecto.

Juan Manuel Ruíz Cáliz