1. La mirada que juzga – la mirada que salva

Al principio del pasaje, los discípulos miran al ciego como un problema teológico: «¿Quién pecó, este o sus padres?».Reflexión: A veces nuestra mirada es así; vemos etiquetas, errores o limitaciones.

La Luz: Jesús responde que no es pecado, sino una oportunidad para que «se manifiesten en él las obras de Dios». Jesús no mira el pasado oscuro, mira el potencial luminoso.

Dignidad: De objeto de lástima a sujeto de fe. El ciego solía estar sentado, pidiendo limosna, siendo un sujeto pasivo. Tras el encuentro con Jesús:

Se lava: Participa en su propia sanación.

Se defiende: Se enfrenta a las autoridades religiosas con una lógica aplastante y valentía.

Decide: Mientras los que «ven» se quedan ciegos por su soberbia, el que no veía termina postrado adorando al Señor.

El barro y la nueva creación

Jesús usa barro y saliva, un gesto que recuerda a la creación del hombre en el Génesis. La enseñanza: La verdadera Luz no solo nos «arregla», nos recrea. Nos devuelve la identidad de hijos que la culpa o el juicio de los demás nos habían quitado.

La verdadera ceguera no está en los ojos, sino en el corazón que se niega a reconocer la dignidad del hermano. Que este domingo la Luz de Cristo no solo nos abra los ojos, sino que nos cambie la forma de mirar.