“Se transfiguró delante de ellos” (Mt. 17,2)

Hay, en nuestra vida, momentos de Tabor.
Momentos en los que todo se vuelve luminoso. En los que nuestra vocación recupera su claridad original, su belleza primera, su frescura.
La Transfiguración es revelación.
El rostro de Jesús se vuelve resplandeciente como el sol. Sus vestiduras, blancas como la luz.
No es otra persona: es el mismo Jesús. Aquel que caminará hacia Jerusalén. Aquel que será incomprendido. Aquel que será crucificado.
La luz no elimina la cruz. Revela su sentido