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Desde el sur de Bogotá
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El Padre Cosme siguiendo como verdadero discípulo a Jesús optó por los más pobres y por ello se preocupó de la educación de la mujer, de una forma integral no solo asistencial, que le diera dignidad de hijas de Dios.

En este momento que nuestra Congregación celebra el IV Centenario, nosotras reflexionamos  sobre la  acción del Espíritu en otros lugares  y concretamente en esta zona de Bogotá, donde las Hijas del Patrocino de María,   trabajan en  un colegio de Fe y Alegría. El Colegio está ubicado al sur de Bogota y como casi todos los barrios al sur de las grandes ciudades su  índice de pobreza  y de violencia va cada día en aumento. En algunas partes del mundo parece difícil entender que muchos niños sólo hagan una  comida al día, que tengan que ayudar a la manutención de su familia trabajando,  vendiendo en la calle o colaborando en trabajos con algún familiar, pero aquí en nuestra realidad es necesario para poder sobrevivir. Por ello sentimos que hoy el Espíritu que iluminó al P. Cosme para iniciar una obra apostólica,  sigue vivo en nuestra Congregación. Hoy después de cuatro siglos ese espíritu sigue latente y no solo en el lugar de origen de la obra sino, al igual que aquí, en otras tierras que hoy están sufriendo las mismas o parecidas situaciones de injusticias, de pobreza y exclusión social  que vivía la mujer  y las niñas hace cuatro siglos en Córdoba.

 

El Padre Cosme siguiendo como verdadero discípulo a Jesús optó por los más pobres y por ello se preocupó de la educación de la mujer, de una forma integral no solo asistencial, que le diera dignidad de hijas de Dios.

 

Hoy desde nuestro contexto y realidad vemos que está misma preocupación está en la misión apostólica que la Congregación dirige en este lugar. Las mujeres son el pilar fundamental de la familia, la educación, la unidad intrafamiliar, e incluso en muchos casos la única forma de sustento ya que la figura paterna en muchas familias no está presente y en el peor de los casos es para mantener una ideología social, donde el hombre es superior a la mujer y esta no tiene más valor que el que le confiere el traer hijos al mundo y el cuidado de la casa. Del mismo modo las niñas son marginadas en sus propias familias, pues además de vivir situaciones fuertes de pobreza,   sufren  violencia intrafamiliar en forma de agresión física, sexual o psicológica. El vivir en esta situación hace que añoren una vida distinta, fuera del hogar, buscando cariño y afecto, respeto, alguien que las valore. Esto hace que las adolescentes, sin una formación adecuada y sin posibilidades económicas para organizar su vida de forma autónoma busque una pareja que las “proteja” y la historia se repite… suelen quedar embarazadas a la edad de  14, 15 y 16… años, al igual que les sucedió a sus madres.

 

Intentamos dar respuesta a esta forma de exclusión y marginación a través de la educación, tanto a niñas como a niños para que caminando al lado de ellos les ofrezcamos instrumentos de superación para que sean partícipes de su propio desarrollo y puedan incluirse en nuestro mundo cada vez más excluyente de una forma crítica y renovadora y de esta forma llegar a romper este círculo vicioso que por siglos amarra a las mujeres.

 

También en el mundo laboral hay una mayor discriminación de la mujer, muchas se ven obligadas a “rebuscarse la vida”, por eso la hermana Isabel Velasco les ofrece cursos manuales para aprender diferentes tipos de artesanía, eso les sirve como medio de vida cuando las personas son desempleadas o tienen un salario mínimo que no les alcanza para pagar los servicios y mantener a su familia en el día a día.

 

Lo mismo que el P. Cosme buscaba recursos valiéndose de las gentes de buena voluntad de la ciudad de Córdoba, así nosotras nos ayudamos de las colaboraciones de las familias de España para poder subsidiar el alimento de nuestros estudiantes mediante becas de comedor y apadrinamientos. Estos apadrinamientos van más allá de la comida, ayudan al material escolar, uniforme y, donde se requiere, a la salud

 

El padre Cosme, como una gran exigencia de su compromiso cristiano,  se hizo solidario con los más necesitados y opto de forma libre por los excluidos de su época. Nosotras de igual forma intentamos vivir este mismo compromiso de la Congregación al servicio de los más pobres.

 

Nuestra comunidad, por la lejanía y el poco conocimiento que nuestro barrio tiene del P. Cosme, al estar más identificados con el movimiento de Fe y Alegría, no celebrará el IV centenario al estilo de las comunidades de España, lo haremos desde nuestra pobreza, celebrando nuestro carisma que día a día se hace vida en la misión apostólica que tenemos encomendada.

 

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