ESP
lunes, 17 de junio de 2019
RAZONES PARA LA ESPERANZA
Visitas 138
- Por: Maribel Quirós, hpm
Desde Venezuela.

 

Hablar de esperanza es una invitación a detenerse y mirar la vida, allá donde Dios ha querido sembrarnos y descubrir con admiración que “está brotando algo nuevo”. Supone claridad de lo que significa “Esperanza” con mayúscula, la de los cristianos. Y recuerdo las enseñanzas recibidas: Esperanza es ver un horizonte, creer que es para mí o nosotras y disponerse, en caminarse, para  hacerlo posible.

Desde este punto de partida, cargado de sentido, pienso en las razones de esperanza para la Congregación. Me animo a hacerlo con visión local y global, que son los pasos para contemplar el mundo, con mirada que se hace horizonte, acoge a todos y fragua la justicia y la solidaridad universal.

RAZONES PARA LA ESPERANZA EN NUESTRA PRESENCIA VENEZOLANA

Hago conciencia de una realidad: Sentir internamente la esperanza en muchas ocasiones es contracultural y contra-realidad. Pero esta esperanza viene de arriba y se encarnó, cargando nuestra condición humana y asumiendo el mundo desde la pobreza y desde los pobres.

Me ubico en el país que he asumido como propio, Venezuela, hoy tan maltratada, venida a menos año tras año, desplomada vertiginosamente de la posición de “país en vías de desarrollo” a país tercermundista, africanizado. Me duele ese sentimiento de pueblo que pierde su dignidad y de debilita. Veo el hambre, la enfermedad sin remedios y atención, el deterioro progresivo de los servicios… Y escribo sobre la esperanza en la oscuridad más absoluta de 100 horas sin luz, agua y comunicaciones. Abro mi corazón a la esperanza que solo viene de Dios, cuando el dolor y la indignación me invaden también por dentro.

Y se reinventa mi esperanza en la presencia de la Congregación, cuando nos hacemos cargo de este momento de Venezuela y decidimos encargarnos y cargar esta cruz, haciendo redención, estando atentas a las nuevas situaciones y pobrezas, soñando  respuestas que construimos con otros y  convertimos en proyectos que la Congregación hace suyos, fomentando la solidaridad con creatividad y empeño, tendiendo su mano de hermanas a nuestra gente, haciendo suyo nuestros dolores.

Siento latir la Esperanza Cristiana en la presencia de cada comunidad de hermanas en medio de los niños, niñas, jóvenes y familias, con los docentes y el personal, dando aliento y esperanza, sosteniendo, con la firmeza que nace en la debilidad,  los colegios, dispuestas con la gente para no dar un paso atrás en la Calidad Educativa, en el funcionamiento “normal” de los centros; o buscando con los padres y madres, con el personal, como responder a la adversidad de esta crisis que como un torpedo golpea la génesis de los que somos y hacemos: educadoras que enseñan y acompañan, afectando los centros y su marcha de cada día.

Venezuela es relación, cultura que da forma a la cotidianidad de cada día, en las calles bulliciosas del barrio, en donde los niños juegan y los adolescentes se encuentran, donde los vecinos se tropiezan y comparten al caer de la tarde, donde la música es compartida y mantengo lo que me da esperanza: ser comunidad entre los más pequeños, compartiendo con ellos la vida y apostando por la dignidad y las relaciones de hijos Dios y hermanos de todos.

Aprendo con ellos a ser fuertes en la  adversidad, a encontrar modos de sobrevivir  contentos y con ánimo, de unirse para traer la alegría y la fiesta al barrio, dando lo mejor que tiene cada uno… Y siento que algo nuevo está naciendo, un país fortalecido, emprendedor y con gente de mística en el trabajo, con sentido comunitario de ciudadanos responsables que transforman su comunidad y su país. Y sueño a las Hijas del Patrocinio de María haciendo esta nueva  historia acompañando al pueblo, a nuestros hermanos y hermanas.

RAZONES PARA LA ESPERANZA CON MIRADA GLOBAL

Miro y siento la Congregación (cuando estamos lejos el sentir tiene otras tonalidades), la veo pequeña, sencilla, al estilo de Jesús y esto me emociona y da esperanza. Y la siento a la vez con una fuerza interna manifestada en la misión, en las opciones decididas que toma, en la creatividad y estar abiertas a lo nuevo y a lo de siempre: la mujer, los pobres, los jóvenes “… a través de la educación cristiana”  de todos. Y siento la fuerza de la Esperanza Cristiana.

Me detengo a contemplar las hermanas,  mayores, jóvenes o no tanto. Las pienso a cada una y en ellas,  siento el palpitar de Dios en su historia y los caminos recorridos, que El, en su misericordia, abraza y acoge, como lo hace conmigo. Las veo trajinando, tan nuestro estilo, en los sencillo, entre las ollas, la ropa y la escoba  y en los salones, patios, campamentos… Veo en cada dedicación su abrazo a la causa de Dios, como lo hizo Cosme. Y siento la fuerza de la Esperanza.

Evoco en mi corazón lo visto y oído de mis hermanas, la actualización de los colegios, los proyectos novedosos, la capacidad para responder a estos tiempos y las exigencias del primer mundo; la fidelidad al trabajo con los jóvenes, su chispa y creatividad y me enorgullezco de ellas, de su fuerza y espíritu. Es una fuerza que Dios sostiene en el tiempo y mantiene en mí la Esperanza.

Recuerdo con gratitud,  a las hermanas en España y Manizales, desde esta tierra de Gracia, y en el dar gracias por su presencias y por cada hermana encuentro razones para la Esperanza, porque esta historia de 100 años me habla de la pequeñez que engendra vida porque Dios camina con nosotras, porque María nos tiene bajo su manto y nos sostiene para que nosotras también protejamos al débil, al niño, al joven, a la familia, al pobre, en la misericordia que es muestra de hermanas que viven configuradas con Cristo, nuestro bien y Hermana Mayor.

Miro el futuro y encuentro razones para la Esperanza en el caminar con otros, con los laicos, abriendo senderos en la historia fecundos de fraternidad en diferentes formas y posibilidades para vivir el Evangelio, la Espiritualidad y la misión, enlazados en un Carisma que nos impulsa a “abrazar la causa de Dios con los dos brazos” y diversidad manos  y dones.

Sueño la esperanza como una semilla que hoy sembramos en nuestro presente, pero que será futuro sostenido en la oración, la sencillez y el testimonio de nuestra vida entre los más pequeños.

 

Maribel Quirós

Dosatic S.L. © 2019
Site desarrollado por DYNAMO 3.5

Política de Privacidad