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jueves, 19 de octubre de 2017
PEREGRINO ¿A DÓNDE VAS?
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- Por: Andreína Falciano Mora. HPM
Es hora de vivir o revivir tu experiencia.

 

  Antes de compartirles mi propia experiencia de peregrinación quisiera comenzar escribiendo el significado de esta palabra según la Wikipedia, para que nos sea más fácil sentirnos identificados con el término, sentirnos peregrinos.

  Una peregrinación o peregrinaje es el viaje a un santuario o lugar sagrado con importantes connotaciones religiosas. Es, también, un viaje efectuado por un creyente hacia un lugar de devoción. Incluso se puede llamar peregrinación al viaje que hacemos hacia lo más profundo de nosotros mismos.

 

    Siempre que me dispongo a emprender una peregrinación, comienzo a prepararme meses antes. Voy tratando de imaginar cómo va a ser el camino, lo que sentiré, la gente que conoceré, pero… qué distinto es luego todo, y es que no necesitas apenas tiempo para constatar que casi nada de lo que imaginaste sale como lo soñaste, pero que bonito es encontrarse con el Dios de la sorpresa, el Dios de la espontaneidad, ese Dios que logra impresionarte de manera inimaginable.

 

Cuando vas de peregrinación es común en todos nosotros la prioridad de preparar todo lo que creemos que vamos a necesitar. Colocas tu mochila en un lugar adecuado y vas metiendo, metiendo y metiendo, sábanas, saco, calzado, protector, sudaderas, camisetas de más... Te cargas de un peso que no es necesario, pero…… tantas veces en la vida metemos en nuestra mochila cosas que no son tan necesarias…. dejando a un lado, olvidado en una esquina, lo que realmente es vital, lo importante.

Qué bonito es peregrinar solo, pero que enriquecedor cuando lo haces con los amigos, cuando desde el primer momento, incluso antes de que arranque el autobús empiezas a compartir. Compartes la ilusión de los primeros momentos, ves en los ojos de otros el mismo brillo que reflejan los tuyos, descubres tu propio entusiasmo y el de los demás. Poco a poco el grupo va conectando, compartiendo charlas, dinámicas, experiencias. Y llegan los momentos de oración compartida, esa oración que te hace sentir la cercanía del hermano que llevas a tu lado, esa cercanía que en nuestra vida cotidiana a veces no sabemos, ni buscar ni encontrar.

 

            Cuando peregrinas tu única misión es caminar, buscar, escuchar y encontrarte, luego, lentamente, vas labrando tu propia experiencia, agregando todo lo que vas percibiendo y recibiendo;… esa compañía, ese aroma, ese calor sobre la piel, esos múltiples sonidos del camino, esos regalos de la naturaleza, con esa variedad de árboles, riachuelos, caballos, vacas, etc. y así, vas descubriendo tu propia fuerza, una fuerza, que al menos yo, ignoraba que poseía, y caminas y caminas con la esperanza de llegar “a algún sitio”, ese destino desconocido que sabes estará detrás de todo el esfuerzo realizado.

            Encontrarás multitud de señales en el camino, pero será sólo en el silencio y desde el silencio, donde podrás encontrarte contigo mismo y con ese Cristo expectante, con ese Cristo que te alienta en el camino, te enciende el corazón, te susurra al oído. Él te invita a salir de ti mismo y mirar con otros ojos a los hermanos que  salen a tu encuentro.

La peregrinación nunca acaba, es una forma de vivir, es el deseo de no estancarnos, de caminar hacia Él, de encontrarnos con los hermanos, de expresar que es posible hacer un camino juntos, unidos desde la fraternidad, soñando nuevos horizontes y posibilitando a todos  un camino en compañía.

    Me haría muy feliz que, lo que he intentado transmitir y dar a conocer de mi experiencia, te empuje a vivirla y te ayude a decidir y compartir esta aventura. Si es así, nos veremos en Guadalupe 2017.

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