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miércoles, 18 de septiembre de 2019
CRÓNICA DE LA CLAUSURA
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- Por: Carolina Joza, hpm
Estuve allí y fue emocionante.
Valoración: 5/5
 

Ha sido emocionante el encuentro con las comunidades, con los profesores que en otro momento fueron tus compañeros y amigos, los alumnos que no recordabas y que ahora tienen sus hijos en el colegio y nos  ven como si no hubiera pasado el tiempo.

El día comenzó con la Eucaristía de acción de gracias que presidió el obispo de Guadix- Granada y antiguo alumno del colegio de Villafranca en concelebración con ocho sacerdotes amigos de la Congregación, la celebración fue solemne, hermosa y cercana, cada palabra cobraba sentido en los muchos corazones que pudimos asistir, cada frase como pequeñas luces se fueron expandiendo al recordar a nuestros fundadores, a las muchas hermanas, amigos, bienhechor, personal, niños, jóvenes, abuelos... Que han sido parte de estos 36500 días unidos y bajo la protección de la Virgen del Patrocinio que desde otras advocaciones ha sido nuestra compañera desde siempre nos unimos para clausurar el primer centenario.

Estábamos presentes al ciento por ciento porque nadie era desconocido, porque todos estamos unidos por los cien años escritos a pulso y con tinta de la mejor, eso que parece tan idílico, se vio reflejado en las dos salas de exposición, en sus paredes encontrábamos muchas fotografías que representaban el lema del centenario Creciendo Juntos, los dibujos también de los cien años hechos a mano por niños, jóvenes y adultos, los póster que cada colegio realizo específicamente para la exposición y que reflejan la labor diaria en los colegios, hogares, países, obras sociales y deseos; además las esculturas que con diferentes técnicas y materiales daban volumen y solidez a lo que creemos es nuestra Congregación.

Y como no mencionar la parte de identidad que ocupaba una parte de las salas, nuestra hermosa bandera blanca, los cuadros de la Virgen del Patrocinio, los cuadros de nuestros fundadores, la madre Amalia, nuestras Superioras Generales y Escudo.

Entre la comida, la venta de las tasas del centenario, las charlas, las sonrisas, los reconocimientos... La tarde paso. Los ecos y las despedidas, los autobuses que llegaban y las últimas gracias en palabras y en presencia, porque lo que siguió y seguirá es mucho más grande, es mucho más profundo, es el compromiso de continuar, de crecer, de abonar las tierras y de volver a este día solo para tomar un impulso, porque vale la pena.

 

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