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lunes, 24 de septiembre de 2018
CRECIENDO EN IDENTIDAD
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- Por: Javier Cortés, profesor
Formación para profesores nuevos.

 

Supongo que se va acercando la fecha en la cual la trascendencia de nuestra persona pesa más que el grabado de nuestras andanzas pasadas, unas andanzas talladas cual rascar de la cuchara de un preso sobre la fría pared de un calabozo. Verdaderamente, creo que puede estar cerca ese momento, más aún cuando tenemos la suerte de conocer a quienes, seguramente, optaron por trascender más que por llegar a ser. Estos momentos nos sirven de acicate para acelerar esta determinación, la determinación de dejar nuestra impronta para que los herederos de nuestra memoria sepan dar un sentido, al menos, a la mitad de nuestra vida.

Somos una gran familia la gente que participamos de las Hijas del Patrocinio de María. Aunque somos como parientes lejanos, corre el mismo ADN, sufrimos cual gemelo que sufre por su igual… pero no teníamos el trato personal, no conocíamos nuestras sonrisas ni la energía que destilan nuestras palabras vehementes cuando hablamos de nuestros alumnos. Como en una cita a ciegas, dos maestros de ceremonias nos citaron en Cájar, bonito enclave recostado bajo la sombra del Veleta. Dos maestros que se citaron siglos atrás con el futuro, que decidieron estar presentes en cada ocasión que nuestra familia decide compartir con sus nuevos integrantes una filosofía tan moderna para su tiempo que hoy día resulta de máxima actualidad.

Ciertamente, el Padre Cosme y el Padre Luis estuvieron con nosotros, con la misma modestia con la cual vivieron, con la humildad con la que fueron alcanzando metas, con la misma sencillez con la que nos dejaron un legado que está más vivo que nunca, porque de no ser así, no habríamos acudido a su llamada los más de sesenta nuevos docentes que llevamos algo menos de una década respetando y haciendo nuestro el ideario recibido.

Me encanta ver a compañeros tan lejanos en un enclave tan hermoso como en el que nos congregamos. Acudimos a la cita cual llamada a filas de reclutas venidos desde Vélez, Priego,  Lucena, Madrid, Córdoba, Villafranca, Cájar, Baena. Reclutas que acudimos expectantes ante el momento. Bienvenida a todos y… ¡manos a la obra! ¿Cómo no dejarse llevar ante la pasión que destilaba Maite en su dilatada disertación, enganchando al personal con su exposición, orgullosa de haber conocido al Padre Luis y al Padre Cosme? Esa pasión la transmitió a todos los presentes pero, lo más trascendente fue que caló en todos, en mayor o menor medida. Quizás caló la abnegación de los fundadores por la dignificación a la persona bajo una enseñanza cristiana, quizás por su pedagogía transformadora; posiblemente nos dejó huella la generosidad de ambos por su proyecto de enseñanza gratuita o, posiblemente, por lo avanzado de su pedagogía colaborativa en el aula, donde la ayuda al prójimo es adalid de nuestro ideario.

No sabría decir qué caló en mí… o sí. Caló la concepción de que todos somos parte de las Hijas del Patrocinio de María, extensiones de un ente, de una realidad presente que pretende seguir con su labor de educación dentro del ruido que gusta a nuestra sociedad. No somos muy distintos al Padre Cosme. A él lo despreciaban por pedir por aquellos que no tenían la suerte de contar con alguien que los acogiera, que los enseñara, que los valorara como personas. El Padre Cosme supo reponerse ante el desprecio, ante el desconsuelo de sentirse desoído… Empiezo a ver la metáfora de su reflejo en la sombra de nuestro deambular por nuestros centros. Tampoco somos muy distintos al Padre Luis. Ese joven que se preocupó de educar a los capaces y a los dispersos, a los avezados y a los rezagados… un hombre que dedicaba horas y horas a una educación inclusiva y colaborativa… Ahí es donde termino por ver que no es una sombra, sino parte de nosotros; parte de nosotros en espíritu, en esencia y en pasión, porque nuestras clases son dinámicas y creativas, apasionadas y comprensivas, constantes y afectivas.

Espero que todos nos hayamos llevado unos granos de valentía para defender una enseñanza apoyada en valores, unos retazos de la humildad que nos legaron nuestros fundadores, seis decenas de amigos y un objetivo común, enseñar como nos hubiera gustado que nos enseñaran a nosotros.

No es de recibo que solo nosotros nos llevemos tanto y no dejemos nada. Dejamos un enorme abrazo a las Hijas del Patrocinio, que nos acogieron en una casa acostumbrada al silencio y la tranquilidad y en la que nuestra presencia sí que ha dejado huella, la huella del compromiso con la enseñanza de calidad y con los lazos que nos unen a todos los que somos parte de esta gran familia.

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