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jueves, 18 de enero de 2018
XIX Certamen Literario P. Cosme
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- Por: Antonia García, Superiora General
Palabras de Apertura.
Valoración: 5/5
 


Buenas tardes, nos encontramos  un año más reunidos para  celebrar  la entrega de premios del XIX Certamen Literario P. Cosme. Un acto  especialmente significativo ya que está enmarcado en un año  en el que hemos tenido la gran alegría de poder celebrar  en este mismo lugar, la Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, la apertura de la Causa de  canonización del P. Cosme Muñoz, el día 27 de mayo, bajo la presidencia de nuestro Obispo D. Demetrio Fernández, un acto especialmente  emotivo  y solemne  ya que fue el inicio  de un camino que  si Dios quiere tendrá como meta el reconocimiento oficial  de su santidad por parte de la Iglesia y veremos así realizado el deseo de  tantas personas que  creemos en su santidad, hemos experimentado su intercesión y su vida es  para nosotros un camino de evangelio.

Son muchas las fuentes documentales  coetáneas que aportan numerosos testimonios acerca de la fama de santidad de Cosme Muñoz, tanto en vida como después de su fallecimiento, y el cariño y  la admiración que por él sentía el pueblo cordobés en el que ejerció su ministerio sacerdotal durante más de 29 años  y  al que se entregó de lleno para remediar todas las necesidades que estaban en su mano. Siendo su obra principal y de gran novedad en su tiempo,el Colegio de Nuestra. Señora de la Piedad, primera institución cordobesa fundada para la educación de la mujer.

Por este motivo este año hemos querido tener como  tema del Certamen Literario,  volver a profundizar en la vida de nuestro Fundador,  para constatar que Cosme Muñoz es realmente un santo para nuestro tiempo, objetivo claramente alcanzado por el alto número de participantes en el mismo, en las tres modalidades que  se ofertan.

La santidad del P. Cosme  tiene en su vida un hilo conductor, que se traduce a través de sus obras en AMOR y SERVICIO; Amor sin límites a Dios y a los hombres y mujeres de su tiempo, especialmente a los más necesitados y entre ellos a sus niñas huérfanas, sus angelitos y Servicio a todos hasta el extremo,  como  Cristo, su Maestro y Redentor.  

 

De su personalidad y vivencia espiritual podemos subrayar que fue un hombre de acción incansable, pero que pone todo el resultado de la misma en manos de Dios y que experimenta de forma real que el buen término de ella sólo es posible si Dios las conduce, de ahí ese trato personal  y continuo con Dios en la oración; por otra parte es un luchador  infatigable cuando se trata de defender y buscar la justicia, imparable ante las dificultades y tenaz en poner todos los medios necesarios para que los interese egoístas de unos pocos  no prevalecieran sobre las necesidades de  los otros.

 

A lo largo de su vida se destaca de forma especial la presencia de María, ella será el motor de  su impulso apostólico y donde él va recargando día a día la energía y fortaleza que necesita para seguir en su camino, a Ella se entregará desde su conversión como esclavo, con una esclavitud filial, encadenado sólo por amor, la Madre de Dios a la que Cosme experimentará como Su Señora y Madre desbordante de Piedad y estará presente en todo su vivir y quehacer.

En los momentos más duros, cuando sus hermanos de sacerdocio le ponen trabas, sabe que la Virgen, está   con   él y que  a través del  Hermano   Francisco de Santa Ana le transmite este recado: "Dile a Cosme que persevere, que ahora comienzo yo".

 

Otro rasgos característico y que impregna su existencia es la hondura y la totalidad de su vivencia como sacerdote; él vive su sacerdocio como servicio y disponibilidad de su ser  para la gloria de Dios (y su Señora Madre) con una entrega radical a quienes el Padre pone en su camino, en sus manos y... en su corazón.

 

Cosme Muñoz  a lo largo de su vida se nos muestra  como un hombre santo, intrépido y valiente que sabe resistir y acometer. Envuelto en la oración, fortalecido con el sacrificio y la penitencia, transformado todos los días con la fuerza y el amor en la celebración de la Eucaristía, que no teme a nada ni a nadie porque se siente sostenido  y acompañado por el amor de Dios  y de su bendita Madre.

 

Tras su muerte, el día 3 de diciembre de 1636  la ciudad de Córdoba sabe reconocer su singular vida y así lo muestra el homenaje de amor  y reconocimiento que recibirá por parte de todos los estamentos de la sociedad cordobesa.

 

Para terminar quiero subrayar un testimonio, expuesto en la Biografía  escrita por D. Juan Aranda,  encontrado en el libro de actas de los bautismos de finales  de 1636 donde se muestra una espléndida síntesis biográfica y a la vez una radiografía de sus virtudes, así como el sentimiento de la sociedad cordobesa que reconoce  de forma unánime la santidad  del P. Cosme Muñoz al producirse su fallecimiento: Cosme Muñoz, clérigo presbítero…fue tenido por santo en muerte y en vida y venerado como tal, fue heroico en virtudes, pobre de espíritu, su vestido pobre y roto siempre, fue humildísimo y menospreciador de sí mismo y de las glorias del mundo, hombre de altísima oración, su ocupación fue el confesionario en que ejercitó sus talentos, siendo maestro de espíritu, solicitador de la honra de Dios y del bien de las almas.

 

Que este legado de santidad que nos ha dejado a todos el P. Cosme Muñoz nos impulse a seguir su ejemplo y a ser hombres y mujeres para Dios y para los demás que es en definitiva en lo que consiste la verdadera santidad, dejando  a nuestro paso un mundo más humano y más cristiano, viviendo la “alegría del evangelio” como nos repite el Papa Francisco.

Disfrutemos de esta tarde de encuentro y celebración y agradezcamos esta nueva oportunidad de estar en el lugar donde fructificaron  los ideales del P. Cosme  y fueron los cimientos de una obra que continúa en el tiempo haciendo realidad la Causa de Dios.

 

 

 

 

 


 

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