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El carisma en la historia
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Carisma compartido por hombres y mujeres a lo largo del tiempo.

El carisma del P. Cosme cuenta con unos pilares fundamentales: la educación de la niñez, la atención a la mujer, la humildad, la oración y el amor a la Virgen. Estos pilares se han ido manteniendo a lo largo de los años gracias a la vivencia cotidiana de las mujeres que han entregado su vida al servicio del Reino de Dios en nuestra Congregación, gracias a su fidelidad desde nuestros orígenes hasta la actualidad. Y porque es un carisma vivo no se ha quedado en lo que podríamos llamar las cuatro paredes de la vida religiosa de la Congregación, sino que ha ido fluyendo a través de las hermanas, que lo han hecho vida, hacia los laicos que se relacionan con nosotras y que tienen una sensibilidad especial hacia estos aspectos.

Los grupos laicales son un ejemplo claro de que el carisma del P. Cosme no es solo para nosotras, las religiosas, estos grupos de hombres y mujeres se han sentido cuestionados por nuestra forma de entender la vida y quieren ser parte activa de nuestra misión: participan de nuestros apostolados y obras sociales, tienen la oración como fuente de alimento espiritual y a la Virgen del Patrocinio como su madre y protectora. Y al igual que ellos también podemos encontrar, sin mucho esfuerzo, un gran número de personas allegadas a las comunidades que se han dejado seducir por nuestra forma de entender el servicio, la entrega a los demás, personas que nos ayudan en nuestra misión desde múltiples facetas y posibilidades personales, personas que han entendido que la educación es la mejor forma de prevención y superación para todos. Lo que todas nosotras hemos ido viviendo con naturalidad a lo largo de nuestra historia como es la educación preventiva, la ayuda a la superación de la mujer, la atención a los más necesitados,... lo han ido tomando otros estamentos como algo novedoso que ayuda en la construcción de una mejor sociedad.

Además hemos de tener presente que la vivencia de nuestro carisma cuestiona a una sociedad centrada en el individualismo, cerrada en el goce personal, donde los valores que se nos imponen son de índole material y que se ha olvidado de la importancia de vivir en comunidad y de dar sin esperar nada a cambio. Es por eso que nosotras religiosas y laicas que vivimos el carisma del P. Cosme hemos de ser testimonio de que es mejor la educación preventiva que punitiva, que cuando se apoya a la mujer se apoya a la educación, a la solidaridad y al esfuerzo por construir un mundo más justo y que la relación con Dios es indispensable para lograr un mundo mejor y un buen equilibrio personal.

Isabel Flores

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