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Presencia constante de María
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La presencia de María es constante en nuestra congregación. Cosme Muñoz, Luis Pérez, Marina J. de la Cruz, Isabel del Santísimo, Amalia... podríamos seguir añadiendo nombres de personas que han construido su existencia al amparo de la Madre de Dios, nuestra Madre.

Haciendo un poco de síntesis sobre la dimensión mariana en el carisma de los fundadores, resalta en los dos la presencia amorosa de María y la constante intercesión para llevar a cabo su obra.

 

María, la Señora y Madre, está siempre presente en muchas expresiones del P. Cosme, en todo su vivir y quehacer. Su amor a María está íntimamente unido al amor y entrega a las niñas huérfanas “sus angelitos” en el servicio de su sacerdocio. No se puede expresar más tierna y comprometidamente:

“...mucho fío de Ntro Señor que me ha de guardar y llevar a poner la ejecutoria a los pies de la soberana Virgen mi Señora de la Piedad, a quien yo sirvo y deseo servir y morir por ella y por sus huérfanas y remedio de males y pecados de esta ciudad, pues tanto debo a sus hijos de Ella y tanto deseo la salvación de las almas y tan poco hago por ellas” (carta 13ª)

 

En las Constituciones del colegio de Córdoba (1673) se recoge de este modo la protección de María:

“Este colegio se fundó debajo del patrocinio y advocación de Ntra. Sra. De la Piedad y con mucha razón, pues siendo esta soberana el patrocinio de todos los católicos más bien lo será de unas vírgenes que careciendo de padres en lo temporal, se acogen al amparo de aquella virgen y Madre para ser esclavas suyas y para alcanzar el estado de vida que más les convenga”

 

La presencia de María en la vida y obra del P. Luis es total. En las constituciones, además de tener el capítulo dedicado a Ella, está impregnándolo todo: desde la primera invocación con la que se inicia el día, hasta la última plegaria en la que se le piden . Las fiestas de María tienen una preparación especial se ayuna, se comulga, se reza el Rosario... 

La oración con la que el P. Luis se dirigía a María y se conservó en todos los colegios que surgieron de su carisma fuera la súplica: “Debajo de vuestro amparo nos acogemos, oh Virgen María...”

 

En el testamento del P. Luis (1718) se recoge:

“Es mi voluntad y que esta dicha casa esté bajo el patrocinio de Jesús, María y José, que así se denomine y que a la puerta se le ponga un lienzo de primera que lo demuestre por la especial devoción que le tengo”

 

La Hna. Marina Josefa de la Cruz, cofundadora del colegio de Villafranca y primera prelada y priora, en sus escritos “Advertencias varias y utilísimas reflexiones...” comentando las constituciones del P. Luis Pérez Ponce profundiza y aclara matices propios al estilo de vida que el fundador pensó para sus hijas y con una sensibilidad espiritual exquisita va constatando aquellos matices más específicos de la espiritualidad del P. Luis, que ella propone como el ideal y meta a la que todas las hermanas han de aspirar e ir haciendo realidad en sus vidas.

 

Una honda espiritualidad mariana impregna los escritos de la Hna. Marina. Una espiritualidad profunda, concreta... que es vivida interiormente y que se exterioriza en la vida con un cambio de actitudes, para ella es fundamental, el que la devoción mariana se traduzca en la vida y se refleje en la imitación de las virtudes en las que sobresalió María.

 

Así escribe:

“Valdránse siempre para obrar con rectitud, del amparo de la Santísima Virgen, a quien deben mirar como Madre amorosísima, teniéndola por ejemplar en todo lo que obraren”

 

Y también:

“Para el cumplimiento de la devoción  a Ntra. Madre y Señora, es bien mirar y remira las virtudes de esta Soberana Emperatriz y procurar imitarla, porque será cosa lastimosa seamos sólo de nombre sus hijas y pues que todas las virtudes se hallan en esta Señora superiores a las de todos los santos y justos (descontando las de su Hijo Santísimo) razón es que le pidamos nos alcance su imitación en todas ellas y especialmente en estas cuatro: Pureza angélica, Amor seráfico, rendida Obediencia y profunda Humildad”. 

 

El paso del tiempo no ha empañado este primer amor que vivieron Cosme Muñoz y Luis Pérez y que después se ha ido transmitiendo a los largo de 400 años. En nuestras constituciones se refleja de forma clara que la presencia de María constituye para nosotras no sólo el modelo al que tenemos que imitar sino también la causa y el impulso que hace posible nuestra fidelidad y entrega al Plan de Dios sobre nosotras.

 

María es proclamada desde el principio la “principal Patrona” de nuestra congregación y “bajo su maternal Patrocinio confiamos alcanzar frutos de santidad y eficacia apostólica”

 

En la actualidad vemos necesario fundamentar y traducir nuestra devoción mariana en una imitación concreta a María, en sus actitudes, para recoger así también la corriente espiritual mariana que nos ha legado la Hna. Marina J. De la Cruz, para –ser hijas no sólo de palabra, sino por su imitación”.

 

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