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Para Dios y para los Hombres
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¡Qué bien nos dejaste expresado con tu vida, Padre Luis, que "es uno mismo el amor con que amamos a Dios y con que amamos al prójimo", que "la gloria de Dios es el hombre", que diría San Ireneo, que "el amor para que sea recto debe ser muy inclinado a ayudar al prójimo para ir a Dios, suavizándole el camino en cuanto sea posible de su parte, que el amor al prójimo no de otra manera se realiza y perfecciona", será la puntualización de la Hna. Marina.

Es lo lógico en el discípulo que sigue las huellas de su Maestro y Redentor, Jesucristo, que "nos amó hasta el extremo" ¡Cómo iluminas la postura cómoda que a veces tomamos de hacer dicotomías en nuestra vida: por un lado la relación con Dios y por otro la atención cariñosa al prójimo necesitado!

Siempre me ha llamado la atención que el P. Luis pone en paralelo a Dios y el hombre. No hay nada más que echar un vistazo a su testamento, redactado el 26 de abril de 1718:

- A honor y reverencia de la Virgen Santísima María, Nuestra Señora, a quien pido se mi abogada e Intercesora... Otorgo y ordeno este mi Testamento.

- Es mi voluntad morir con un intensísimo amor a Dios Nuestro Señor por su gran bondad, y asimismo en gran caridad con mis prójimos...

- Es mi voluntad firme de entregar mi alma a Dios Nuestro Señor, que la hizo, crio y redimió con su preciosísima sangre...

- Es mi voluntad morir pidiendo a Dios misericordia hasta el último aliento de mi vida, desconfiando de mí mismo y de mis obras y confiando únicamente en la gran misericordia de Dios y merecimientos de la Pasión y muerte de Jesucristo, mi Redentor, e intercesión de María Santísima, mi Madre y Señora... Pido de todo corazón a todos los vecinos de dichas villas me perdonen lo mal que les he servido, y los descuidos que he tenido en administrarle el Pasto Espiritual y si a alguno con la jurisdicción d mi oficio hubiere lastimado, protesto delante del Señor no ha sido por pasión, sino con un entrañable deseo de su salvación, y les ruego hagan oración por mi alma.

-...Luego que yo fallezca, dé aviso uno de mis albaceas al Sr. Vicario de la Villa del Río, para que noticie a los vecinos de ella de mi muerte y les encargue que me encomienden a Dios y por lo mucho que les he amado se remitan seis fanegas de trigo... para que se repartan a los pobres. ...Es mi voluntad morir pobre a imitación de mi Redentor Jesucristo y, asimismo, en un amor muy grande a mis feligreses, para lo cual desisto del dominio de todos mis bienes que ahora tengo y en adelante hubiera y todos se apliquen para fundación de la Casa de la Congregación de la Beatísima Virgen María...para que todos mis bienes cedan en beneficio espiritual y temporal de mis feligreses. Volviéndole a su Majestad, agradecido, cuanto se ha dignado darme misericordioso, nos dirá más tarde: Dad gratis lo que habéis recibido gratis... ¡Gracias, Padre Luis, por ser Siervo de Dios y siervo del Hombre!

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