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Sacerdocio Consagración-Servicio
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El Padre Luis, seguidor de Cristo. Identificación con su vocación sacerdotal. Es manifiesto que su ser sacerdotal es expresión de lo que alguna vez he llamado "connaturalidad de su respiración cristiana" que le hace interpretar la llamada de Dios al sacerdocio como el modo concreto de realizarse su ser cristiano. No hay superposiciones advenedizas en su persona sino desarrollo en continuidad del proyecto de Dios consciente, libre y gozosamente asumido por él. Precisamente por ello, no es fácilmente imaginable ni puede interpretarse la persona del P. Luis sino desde su sacerdocio, y eso mismo hace el que aparezca de una personalidad manifiestamente equilibrada y con rasgos perfectamente "compensados" que facilitan la armonización de su dimensión más humana con su vivencia sacerdotal, como hecha la una para la otra. Sacerdocio consagración-servicio. Sin entrar en disquisiciones teológicas quiero expresar sencillamente que en el P. Luis aparece claro que Dios "le ha tomado en posesión" y, por ello, aparece como impregnado de Dios en su porte tan profundamente espiritual que, sin dejar en segundo plano la vertiente activamente apostólica es intensamente contemplativo. Su primera formación y, sobre todo, sus frecuentes relaciones con los PP. Carmelitas han podido reforzar lo que indudablemente es su talante espiritual en la vivencia de su sacerdocio. En el orden de la respuesta personal se inscribe el que adopte vivencialmente que Dios, manifestado en Cristo y en el que se siente sacerdote del único SACERDOTE, es el único centro absoluto de su vida que se densifica en la íntima experiencia eucarística especialmente. Pero sabe y experimenta que su sacerdocio-consagración es, como el SACERDOTE, servicio de Cristo a los hermanos. Y a ello se entrega con alma y vida (y hasta la muerte), no violentando su profunda intimidad espiritual, sino prolongándola en una plena disponibilidad a Dios en el servicio ministerial más, mucho más, de lo que requería la habitual atención parroquial y trascendiendo, incluso la misma demarcación parroquial. Sacerdocio que culmina en el amor-entrega. Como en el SACERDOTE Cristo de quien él es servidor. Creo que ha entendido perfectamente que su vocación sacerdotal no es sino llamada a transmitir el Amor y a transmitirlo entregándose. Y así vive su sacerdocio como expresan diversas manifestaciones: su enorme sensibilidad hacia los pobres y los enfermos, su obsesión sacerdotal por la reconciliación de los pecadores, su ardoroso valor para enfrentarse al mal donde estuviera, aún en la propia familia, la valoración de loa "servicios sacerdotales" que puede prestar aún arriesgando su salud... Aún habría que añadir en este apartado de su vivencia sacerdotal la experiencia radical que le lleva a culminar su sacerdocio como amor de entrega: me refiero, en primer lugar, a que hubo de vivir su sacerdocio de oblación en la persecución que hubo de sufrir y que corremos el riesgo de que pasa desapercibida cuando es una faceta esencial de su sacerdocio, y que es muy importante en su espiritualidad sacerdotal. Indudablemente, la culminación definitiva de su sacerdocio se da en su MUERTE DE AMOR SACRIFICADO, precisamente por llevar hasta el fin su consagración sacerdotal de servicio, siendo, a ejemplo de el SACERDOTE, sacerdote y víctima por amor. Su vida de entrega resultó contagiosa y convocante de comunidad. Por ello, cuando hubo puesto en marcha la congregación que algunos aspectos de su entrega sacerdotal (como seguidor de Cristo y preocupado por los "intereses de Dios" especialmente en las niñas, es su prolongación) pudo decir aquello de "Ya no se me da un cuarto morir" porque en realidad a ello tendía desde la dinámica de su sacerdocio.

Eleuterio López, cmf

Loja (Granada)

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