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martes, 17 de julio de 2018
Celebramos la onomástica
13/06/2018 - 341 Visitas


Antonia García Navarro Superiora General

 Celebramos la onomástica de Antonia García Navarro, nuestra Superiora General.

En ella y con ella damos gracias a Dios por su vida y su misión al servicio de toda la Congregación.

¡Muchas felicidades Antonia y muchas gracias por toda tu entrega y dedicación!

 

 

ACCIÓN DE GRACIAS

 

Vamos a bendecir y agradecer al Señor, porque Dios nos ha concedido una vida abundante, llena de los rostros de todas las personas que han pasado por nuestra historia congregacional, que han trillado el terreno por el que luego pasaron y pasarán nuestros pasos a veces vacilantes y asustadizos.

Demos gracias al Señor con nuestra vida, por el encanto de un Dios que se hace presente en nuestra historia, en todas aquellas hermanas que han hecho realidad el amor del Maestro y la protección de su Madre.

 

Entonemos un canto de alabanza a Dios por todas ellas.

 

Jóvenes que arriesgáis, que os dejáis conquistar por un proyecto nuevo, que asumís con gozo las intuiciones de Cosme, Luis y Amalia porque os hablan de ese Evangelio que ya os había agarrado el corazón. Vuestra generosidad es   semilla de amor en el mundo.

 

Hermanas que vivís el día a día de colegios y comunidades, siempre abiertas, orantes, acogedoras, sin tiempo porque todo vuestro tiempo es para los demás. Tenéis un tesoro en el cielo y en la tierra porque vuestro amor es inextinguible.

 

Maestras de vida, que hacéis que los libros hablen para vuestros alumnos, los lápices pinten flores, las agujas cosan los más hermosos tapices hechos con los hilos de la oración, la sencillez y el buen ejemplo...

Vosotras enseñáis a soñar y a convencer de que los sueños se hacen realidad. Amando explicáis las complicadas matemáticas, las letras, desde las vocales hasta los hondos suspiros de Cervantes y Juan de la Cruz, la alta filosofía, la música bellísima... Y vuestro amor enseña que no hay nada como ser libre y que para ser libre hay que saber, estar abiertos a Dios y al mundo, entregarse en el trabajo; enseñáis otro modo de ser mujer. Sois benditas porque vuestra vida es estímulo, porque vuestra mayor alegría es el darse a vosotras mismas sin guardaros nada, porque cada día de clase ha perdurado.

 

Hermanas porteras, cuántas personas viven esperando vuestra sonrisa, la conversación agradable, la escucha y el consejo en tantos momentos de la vida. Sois el rostro de nuestras comunidades y obras, la mano cariñosa, la voz que acompaña, la que siempre está presente. Hoy nos gozamos con vuestra vida que nos enseña a abrir las puertas a todos, a ser acogedoras, abiertas al otro, confiadas y esperanzadas en todo lo que está por venir.

 

Hermanas abiertas a “abrazar con los dos brazos todos los trabajos”, Señor, gracias por ellas, son tantas que son incontables. Hermanas dispuestas a enseñar, coser, cocinar, limpiar, abrir puertas, cuidar enfermos, visitar encarcelados... Son la tierra sobre la que nos afianzamos, su disponibilidad es un tesoro, el amor que te tienen las llevó a estar dispuestas a todo, a caminar sabiendo que tú eres el camino, la verdad y la vida.

 

Servidoras y animadoras de las comunidades, hermanas superioras, cercanas a quienes más os necesitan, pendientes de las mayores y enfermas, de aquellas a las que más les cuesta caminar, facilitando procesos, acompañando el paso, potenciando la fe, no sólo en Dios, sino en todas las personas. Vuestra mirada ilumina a las comunidades, vuestros esfuerzos abren nuevas maneras de hacer las cosas, vuestra visión de futuro nos ayuda a ser hoy más coherentes y a buscar que las personas den siempre lo mejor de ellas mismas.

 

Hoy, Señor, te alabamos, te damos gracias, nuestra boca no se cansa de bendecirte, porque nos has mirado en tu misericordia. Te bendecimos por todas nuestras hermanas en la historia, especialmente por nuestra primera Superiora General, la M. Amalia Cea que con su buen hacer llevó a cabo la unión de todas las casas culminándose así la fundación de nuestra Congregación, nos alegramos de poder celebrar y recordar este acontecimiento aquí en la casa en la que ella vivió su consagración durante 71 años de vida religiosa y que fue testigo de su vida entregada al servicio de Dios y de los hermanos.

 

Gracias Señor, por tu inmenso amor y por los dones recibidos a través de tu Espíritu, que sepamos acogerlos y que permanezcan siempre con nosotras pues sólo tu Presencia posibilita nuestros sueños, sueños que están siempre habitados por ti.

 

En el I Centenario de la Congregación

                          1919-2019

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