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jueves, 13 de diciembre de 2018
VENEZUELA
05/06/2018 - 201 Visitas


¡Despierta y reacciona es el momento!

Con la fe puesta siempre en Dios que nos invita a levantarnos y proseguir el camino emprendido, sin caer en la desesperanza ante la adversidad, las organizaciones sociales miembros de la Red de Acción Social de la Iglesia (RASI), hemos decidido encarnar la esperanza en la acción y reunidas en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), culminado el IX Encuentro de Constructores de Paz, nos dirigimos al país:

 

1.    Venezuela se encuentra en medio de una profunda crisis política, moral, social, económica y cultural que la ha conducido a un colapso que amenaza incluso su viabilidad como nación. Vivimos una emergencia humanitaria compleja que está ocasionando pérdida de vidas en todo el territorio nacional. Los venezolanos estamos indefensos ante la ausencia de instituciones. Los servicios básicos no funcionan y paralizan todas las actividades cotidianas y laborales. Este panorama atenta contra la dignidad y los derechos humanos fundamentales de los venezolanos con daño permanente de manera especial a nuestros niños, niñas y ancianos que son los más frágiles y desatendidos.

 

 

2.    En medio de esta situación dramática, tenemos la esperanza de que cuando la noche es más oscura, comienza a desplegar la aurora. Como han manifestado los obispos venezolanos en su declaración del pasado 23 de abril: “tenemos la fe y la convicción de que la última palabra no la tiene la soledad, ni el sufrimiento ni la desesperanza que sufrimos cada uno y nuestras comunidades sino la fuerza transformadora de la vida de Dios, en Cristo Resucitado.  Asimismo, expresaron: “Con la fuerza de la fe y el empuje de la esperanza, es posible asumir valientes y decididas actitudes de solidaridad y darle un rumbo distinto a esta historia de muerte”.  La Iglesia invita a activar la ciudadanía y exhorta al deber de cada uno en participar para impulsar y procurar el cambio y la transformación de Venezuela, que es un clamor mayor y requiere de acciones eficaces y en unidad.  

 

 

3.    ¡Venezuela despierta y reacciona, es el momento! Ratificamos el lema de la segunda visita de San Juan Pablo II al país en el año 1996, demos un paso al frente, en el camino del encuentro con el hermano, el desamparado, el agobiado por la dificultad y el dolor, por el hambre, la falta de medicinas, la separación de la familia por la emigración forzada (Mt.25, 45) 

 

 

4.    Estamos dispuestos a facilitar que el trabajo que realizan nuestras organizaciones en diversas áreas,  proyecte nuestro rol activo  -como Iglesia y como sociedad-  en la construcción de una Venezuela de solidaridad y amor fraterno, que destierre el miedo, la desolación y la desesperanza. Asumimos el compromiso de construir una Venezuela distinta sobre la base de un proyecto de país compartido y anhelado por todos y de  concretar una ruta de acción que permita movilizarnos, organizada y articuladamente para un cambio que acometa la reconstrucción y la reconciliación.  

 

5.    Hoy presentamos modelos referenciales concretos de actuación que contribuyen a la superación de la "crisis moral" y a trabajar en unidad para la construcción de un país en el que reine la paz, el amor, el perdón y la justicia. ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno! (EG 101).  Sí es posible, como lo ha dicho la CONVER, siguiendo a los Obispos, “asumir valientes y decididas actitudes de solidaridad y darle un rumbo distinto a esta historia de muerte”. Estamos dispuestos a compartir nuestras experiencias ya en marcha para transformar la Venezuela herida y agobiada, en el ideal que soñamos. 

 

6.    Nos sumamos a quienes sueñan en  construir una esperanza transformadora y  a facilitar el encuentro de todos los venezolanos. Soñamos un país de oportunidades, en libertad y en democracia.  Hemos de construir unidos, la ruta por la que nuestros sueños se harán realidad. Nos esforzamos por contribuir con un país normal en el que funcionen los servicios, podamos trabajar y progresar, criar nuestros hijos en paz, vivir seguros, comer y curar nuestras enfermedades. Un país de sana convivencia democrática, de respeto, de diálogo, sin pobreza ni violencia, con posibilidades de realización personal y comunitaria; y, dónde crezcan los niños,  las niñas y los jóvenes sanos y con educación de calidad.

 

7.    Reafirmamos el aporte valioso de todas las organizaciones de la RASI en multiplicar su accionar para acompañar y servir a nuestra gente más vulnerable que hoy sufre.  Y, nos comprometemos a mantener todas las acciones que venimos realizando para superar la pobreza y la exclusión: ollas solidarias, bancos de medicamentos, casas de abrigo, comedores escolares, proyectos de emprendimiento social, ayuda psicológica ante el duelo, formación humana y en organización social, entre otras, sin descuidar las exigencias a las autoridades de sus obligaciones.

 

8.    Hacemos un llamado a quienes gobiernan a instaurar condiciones de verdad, justicia e inclusión, a trabajar por el bien común de todos, a respetar nuestra Constitución que es el pacto de convivencia nacional, a detener el colapso del país, garantizando y respetando el Estado de Derecho y los derechos humanos de los venezolanos. Es imperioso que cese la persecución a la disidencia y es urgente aceptar y enfrentar las dramáticas condiciones de emergencia humanitaria compleja que vive la población venezolana, en medio del más grave colapso económico.  A la Defensoría de Pueblo, le manifestamos nuestra disponibilidad para revisar, junto a otras organizaciones, el respeto del Estado a la dignidad humana de los ciudadanos venezolanos y le recordamos que deben cumplir con su deber.

 

9.    Instamos a los líderes de organizaciones políticas de la oposición a buscar espacios de entendimiento, a ponerse de acuerdo en los nudos centrales de la emergencia humanitaria compleja que nos afecta, porque se requiere el esfuerzo de todos.

 

10. Tengamos siempre presente que Dios no se olvida de sus hijos. El mismo que resucitó a Cristo, se hace presente tanto en personas como en organizaciones a través de muchísimos gestos de colaboración y solidaridad. Que ese espíritu nos siga animando para que, con valentía como los discípulos, ante la muerte del Maestro, podamos abrir juntos nuevas fronteras ante la adversidad y anunciemos la nueva vida que está surgiendo para hacer de este país el lugar de todos.

 

Caracas, 25 de mayo del 2018

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