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miércoles, 24 de octubre de 2018
100 AÑOS FAMILIA PATROCINIO
- Por: Nuria López, A.A y periodista
04/04/2018 - 339 Visitas


El hilo de la memoria.

 Escribió Borges: “Somos nuestra memoria,/ somos ese quimérico museo de formas inconstantes,/ ese montón de espejos rotos”. Un poliedro formado a base de emociones, creencias, vivencias y aspiraciones, en el que, en esta cultura del símbolo en la que nacemos y nos desenvolvemos, también se cuelan muchas ficciones.

Si me remonto en el tiempo y enciendo el proyector de la memoria, veo a una niña de 5 años trotando por un pasillo. Va tan apurada, porque llega tarde a clase, que no reparará en el crío con el que choca de frente. Solo será consciente de que algo grave ha ocurrido cuando, al entrar al aula, un compañero anuncie: “¡Nuria tiene sangre!”. En ese momento, la señorita Antoñi se volverá hacia ella -la cara desencajada de preocupacióny, presta, la llevará a la portería, pero el botiquín es insuficiente para una ceja partida. Con la frente vendada hasta los ojos, la niña será trasladada al ambulatorio. Allí le darán 3 puntos.

En otra secuencia, resuena una sirena. Es la hora del recreo. La niña, ya algo más crecida, se dirige a la portería para negociar con sor Rosario el préstamo de un balón de fútbol a cambio del reloj blanco de la Primera Comunión. Hoy, le ha tocado a ella. Así se aprende responsabilidad. No habrá problema, mientras el esférico no se pierda. Y, con él bajo el brazo, la niña sale feliz al patio, a reunirse con sus compañeras. Tienen 20 minutos de juego. Se atan la falda del uniforme entre las piernas y empieza el partido.

Otra imagen más. La niña es preadolescente ahora. Está en clase de Lengua y don Diego manda como trabajo para casa que escriban una redacción. Ella inventa un encuentro en su terraza con un extraterrestre. Cuando llegue el momento de exponer la historia en clase, le reconocerán la imaginación y la composición. Probablemente, se estén sentando los pilares de una vocación; de una pasión por la palabra que no hará sino afianzarse con el paso de los años hasta desembocar en los estudios Periodismo.

Ahí está la semilla, y lleva los nombres de las Hijas del Patrocinio de María y del colegio Espíritu Santo, de Baena. Van para 18 años que crucé sus verjas de hierro y me incorporé a la vida adulta. En este tiempo, he ido encadenando experiencias personales y profesionales. Nacida bajo el signo analógico, he descubierto que pertenezco a la generación de los “millennial” y también que el cambio de siglo y los avances tecnológicos no implican forzosamente progreso.

En los informativos se nutre el desencanto: guerras, terrorismo, millones de desplazados en todo el mundo, auge de nacionalismos, xenofobia y racismo, recortes de derechos y libertades, feminicidios, escándalos de corrupción… ¿Dónde están los valores en esta posmodernidad líquida? ¿Dónde, el pensamiento crítico? No tengo respuestas, pero sí sé dónde empiezan: en la infancia, en el seno de la familia y en la educación en el colegio. En mi caso, en el “Espiri”.

En sus aulas, y gracias a su profesorado, aprendí a cuestionar la realidad, llené de humanidad y carcajadas las etapas vitales que moldean un carácter y tejí lazos de amistad que trascienden distancias

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